Especial Ángel Ciego. SOLO PARA ADULTOS. Eterna conoce a Izbet

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Izbet46
Terrícola
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Especial Ángel Ciego. SOLO PARA ADULTOS. Eterna conoce a Izbet

Mensaje por Izbet46 » Sab Abr 18, 2020 10:20 am

Eterna y Piccolo en su universo, fueron al laboratorio donde estuvieron encerrados.
— Es peligroso estar aquí — dijo el guerrero en un susurro, daba la impresión que cualquier sonido fuerte que se produjera todo se derrumbaría.
— Sólo quiero recuperar mi expediente, había una fotografía de mis padres, no tengo recuerdo de cómo era mamá — siguió revolviendo cosas con cuidado.
En eso un rugido extraño llegó desde todos lados, pareció como si un gigante movió el lugar.
— Demonios, está temblando — el hombre verde abrazó a la mujer para tratar de protegerla de las piedras que caían del techo.
Los escombros se movieron de un lado para otro, sin darse cuenta Eterna activó una máquina que los trasladó a otra dimensión.
En el universo de Izbet, en la casa de Bulma, uno de los tantos artefactos que tenía en su laboratorio detectó un vórtice que se iba a abrir en la cascada dónde en ese momento meditaba Piccolo. La científica se contactó con Goku, Vegeta, Yamcha y Krillin, los puso al corriente de lo que pasaba, ellos fueron al lugar de llegada de lo que fuera, y le dijeron al namek lo que pasaba, y que no sabían que podía llegar de ese otro lugar.
Cuando apareció el remolino cayó una máquina, y el Piccolo de esa dimensión que todavía tenía en sus brazos a su pareja, una rubia esbelta. Apenas los recién llegados se pusieron de pie, una fuerza invisible atrajo a ambos namek y se convirtieron en uno solo.
— ¿Qué pasó? — preguntó Goku, asombrado con lo ocurrido.
En ese momento los guerreros se separaron.
— Somos de otra dimensión, nos trajo está máquina, pero se quemó.
— Vamos donde Bulma, ella nos ayudará — respondió él de este universo.
— ¿Tu amiga, la dueña de la Corporación Capsula? ¿Verdad?
— Así que tienes mis recuerdos ahora.
— Todos — se miraron de forma fija un momento, para luego irse todos volando a donde la científica.
Al llegar, ésta se frotó los ojos, al ver a los seres idénticos.
— ¿Qué pasó con el vórtice, y por qué hay dos de ustedes?
— Eterna y yo llegamos en ese fenómeno, somos de una dimensión parecida pero no igual a la suya. Lo produjo está máqui...
Nuevamente ambos Piccolos se convirtieron en uno.
— Odio cuando esto sucede — se separaron.
— ¿Qué fue eso?
— Al parecer por ser el mismo individuo, nuestros cuerpos quieren ser uno sólo. Tampoco podemos estar muy lejos uno del otro ¿Puedes arreglar el artefacto para que ellos vuelvan a su universo?
En eso llegó Izbet.
— ¿Piccolo, qué pasa? Sentí varios cambios extraños en tu Ki — preguntó preocupada la medio demonio.
— Te parecerá extraño, pero... — él le comentó parte de lo que había ocurrido, cuando estaba por terminar nuevamente se convirtió en uno.
— ¿Estás bien, amor? — lo abrazó asustada por lo que estaba pasando.
— Déjalo, es MI pareja — gritó Eterna molesta al verlos así.
— Es MI novio.
El namek se soltó de la ciega y trató de separarse, le costó unos segundos más que antes.
— Me está costando más separarme cuando ocurre esto — y le terminó de explica todo a Izbet.
— Tendré que apurarme, según mis cálculos en unos 10 o 15 días serán uno para siempre. Eterna y... el Piccolo que viene contigo ¿Quieren quedarse acá?
— No tenemos donde ir en este mundo — reconoció la rubia.
— Preferiría irnos a un lugar solitario — pidió el hombre verde de la otra dimensión.
— Vamos a mi cabaña. Allá estaremos tranquilos, pero antes niña... — se dirigió a la jovencita.
— Soy una mujer, no una niña, me llamó Eterna ¿Y usted señora? — respondió con sorna.
— Soy Izbet.
— Un gusto señora — con sonrisa irónica remarcó las palabras finales.
— No soy casada... dime sólo Izbet — comenzó a respirar lento para relajarse — vamos, acompáñame a comprar ropa para ti y la comida que necesitaremos.
Pero antes que las dos mujeres salieran Bulma se acercó a Krillin y le habló al oído.
— Por favor acompañarlas — pidió en un susurró.
— ¿Por qué? — preguntó confundido.
— Quiero que vuelvan sanas y salvas — le dijo bajo — dos mujeres celosas... juntas y solas... muy mala combinación.
— Entiendo. Ya vuelvo — respondió al verlas.
Cuando ya se habían ido, Yamcha no pudo evitar hacer un comentario.
— No los envidio — dijo dirigiéndose a los Piccolos — aunque ambas son preciosas, se nota que tienen carácter muy fuerte — ambos lo miraron enojados — no me miren así, no es mi culpa lo que pasa — se fue volando.
— Será mejor darme prisa — dijo la científica y se puso a revisar el mecanismo de la máquina.
En el Mall, mientras Eterna se probaba ropa, Izbet y Krillin conversaban.
—¿Puedes describírmela, por favor? — preguntó la ciega.
— Es alta, esbelta, piel clara, cabello rubio platinado...
— Seguro es teñido — lo interrumpió, con rabia en la voz.
— Parece de unos 18 años.
— Hummm... Es más delgada y joven que yo.
— No debes ponerte celosa, Piccolo, el de nuestra dimensión solo te ama a ti.
— ¿Y quién está celosa? — replicó sin convencer mucho al otro.
— Ya casi termina de probarse la ropa — se acercó la vendedora, Madeleine — ¿Es una modelo extranjera?
— No... es una jovencita que viene por unos días, espero que muy pocos — le respondió su amiga y clienta.
— Terminé. Todo es precioso — llevaba todas las compras en una bolsa, contenta.
— Por fin, acá está la tarjeta — luego de pagar — vamos a comprar la comida, la cabaña queda lejos.
Ya cuando había anochecido recién volvieron a la Corporación.
— Ya no alcanzamos a viajar. Tendremos que irnos mañana temprano ¿Cómo vas con la maquinaria Bulma? — consultó la de mechón blanco.
— Bien, logre entender bastante de los circuitos y conexiones, pero no creo tenerla lista antes de una semana.
— Apenas tengas todo listo nos avisas ¿Por favor? Muchas gracias por tu ayuda.
— Les prepare cuartos contiguos para que pasen la noche.
— Por lo que nos fusionamos a cada momento, creo que lo mejor será que ambos nos quedemos en el mismo cuarto — dijo uno de los namek, el otro asintió.
— ¿Y yo? — preguntaron al mismo tiempo Eterna e Izbet.
— Por este tiempo es mejor que durmamos en cuartos separados — les respondió el guerrero del otro universo.
— Si tú lo dices — aceptaron a coro ambas, no muy contentas.
Pasada la noche, salieron temprano, llegaron a mediodía al campo, cómo había sólo dos cuartos, los Piccolos se instalaron en uno, y las mujeres en el otro.
Unos días después por primera vez Eterna e Izbet trataron de entrenar juntas, pero a los minutos los poderes de ambas se descontrolaron, tuvieron que intervenir los namek, desde entonces no volvieron a practicar juntas.
Casi a la semana, una noche Izbet se quedó escuchando un libro, al irse a acostar "casualmente" se encontró con su pareja fuera de la habitación de éste, conversaban en voz baja, hasta que ya no aguantaron más, se besaron lentamente, cuando ella metió su mano en el pantalón de él, Eterna abría la puerta del dormitorio que compartían las mujeres.
— Bueno amor, nos vemos mañana — la ciega pasó a acostarse avergonzada.
— Buenas noches Izbet, buenas noches Eterna — el guerrero también entró rápido a su cuarto.
Cuando la joven rubia volvió del baño se acostó, pero se daba vuelta a cada rato.
— No te muevas, no me dejas dormir — reclamó la mujer ciega.
— Escuché que pasada cierta edad no se duerme tanto como cuando uno es joven, como yo — respondió molesta la otra.
— Oye NIÑA...
— Ya te dije que no soy una niña.
— ¿Y por qué te comportas así entonces?
— Igual tú te comportas como un crio. Y no creas que no me di cuenta de lo que pasaba en el pasillo, yo también quiero estar con Piccolo...
— Con tu Piccolo — gritó la morena.
— Obvio que con mi Piccolo... no me interesa el tuyo, eres demasiado celosa — gritó la rubia.
— ¿Y TÚ?
En ese momento entró Piccolo, de nuevo fusionado.
— ¿Qué pasa? ¿Por qué tantos gritos? — el hombre abrió la puerta molesto.
— Es que ella... — cada mujer apuntó a la otra.
— BASTA, ME ABURRIERON, ME VOY AL TEMPLO SAGRADO, NECESITO UN POCO DE PAZ, AUNQUE SEA UNAS HORAS — se fue.
— Ve lo que hizo señora — dijo molesta la rubia.
— Y tú lo hiciste mejor, niña — le respondió en el mismo tono la morena.
— ¿Por qué me tratas así? Te gusta menospreciarme — Izbet se fue a la cocina silenciosa.
Al rato Eterna fue para allá, la encontró tomando cerveza, también había en el mesón una botella de champaña y whisky.
— ¿Quieres un trago? ¿Eres mayor de edad, verdad? — le preguntó irónica.
— Eso justamente es lo que te decía recién.
— Lo siento — le respondió luego de un momento en silencio — es que cuando se fusionan, siento que te ama — le pasó un vaso.
— Lo sé, yo siento lo mismo, es una situación difícil.
— Tú eres joven, esbelta, rubia, piel clara... — repitió lo que le dijo Krillin — yo en cambio soy rellena, baja, morena, y mayor que él.
— Pero tienes una gran presencia en donde llegas. Con la buena vida que has llevado siempre no se nota la diferencia de edad entre ustedes — se tomó el vaso de cerveza de una sola vez, hizo una mueca porque lo encontró muy amargo.
— No supongas tanto — la del mechón blanco sirvió para las dos champaña — te contaré mi "buena vida" — explicó todo lo que pasó en su pasado — ahora sabes todo lo que viví, hasta que conocí a Piccolo recién supe lo que era la verdadera felicidad. Tú eres tan joven que no creo puedas entender todo ese sufrimiento.
— Lamento mucho que hayas pasado por cosas tan horribles. Pero yo pasé por cosas tan terribles como esas — le contó su vida.
— Nunca pensé que hubieras pasado todo eso — guardó un respetuoso silencio — en mi caso fue solo una vez que pase por... ese tipo me forzó una sola vez... debe haber sido... no encuentro palabras... que tengas que pasar por eso una y otra vez ... eres una mujer con una gran fuerza interior.
—Tú igual — respondió la rubia sincera.
— Se acabó la champaña... cuidado con esto — le sirvió whisky.
— De verdad está vez se enojó — reconoció la joven del otro universo.
— Se le pasará — rió recordando las veces que se habían peleado desde que se conocieron con el namek — en realidad se nos pasó la mano.
— Sí, de verdad nos volvimos locas de celos.
— Si no estuviera fusionado con tu Piccolo, me "disculparía" con el mío, y sé que le encantaría — sonrió maliciosa.
— Eeehhh... que vergüenza.
— Hija — antes que la otra dijera algo — no te enojes, te digo así porque te siento tan joven. Cuando dos personas se aman no hay nada mejor que estar juntos, ni nada prohibido si ambos están de acuerdo, si te contará — suspiró.
— Hecho de menos estar con él — le confesó la rubia.
— Yo igual, con el mío.
Siguieron tomando un rato.
— Sabes, te propongo algo, pero sin escandalizarse — dijo la morena.
— No soy una niña, puedes decirme lo que quieras.
— Conozco un lugar en el lago cerca de acá, donde hay pequeñas isletas.
Eterna no sabía que quería decirle la otra, por más que lo pensó, además no ayudaba mucho lo mareada que estaba por lo que tomó.
— Si quieres podemos estar con nuestros respectivos Piccolo en cada isla, prometo no ver nada... — rió irónica.
— Es qué... — la rubia estaba totalmente sonrojada.
— No quiero presionarte, solo dime ¿Te gusta o no mi idea?
— Está bien, vamos — se tomó el último vaso de whisky que quedaba de un solo trago —¿Pero cómo haremos para que vengan ellos?
— Cuando lleguemos al lago te diré.
Mientras en el Templo Sagrado.
— No puedo creer lo que me dice — Dende estaba asombrado con lo que le contó el namek visitante.
— Eterna es demasiado impulsiva — se excusó el del otro universo.
— Izbet no se queda atrás, ambas tienen carácter muy fuerte.
En ese momento volvieron a fusionarse.
— Aunque ya me lo había dicho, es impresionante verlo — exclamó Kami Sama.
— Y es extraño porque ahora tengo los recuerdos de ambos, y los sentimientos... es raro amar a las dos de la misma forma — de repente sintió el ki de las mujeres elevarse bruscamente — debo volver, espero que no ocurra nada malo hasta que llegue — bajo preocupado.
En la Corporación, Bulma le pidió a Krillin y Yamcha que fueran a la cabaña, por fin arregló la máquina, pero ambos que quedaron quietos, solo se miraron.
— Mejor mañana — dijo nervioso el hombre calvo.
— ¿Por qué? — preguntó curiosa la científica.
— Temprano sentimos el ki de Piccolo ir al Templo Sagrado y ahora el de esa joven e Izbet se elevaron mucho, y él va a buscarlas — le explicó el de la cicatriz en la cara.
— Que lío, que mujeres tan celosas.
En el lago cercano a la cabaña, bajó el guerrero de piel verde.
— Eterna, Izbet ¿Dónde están? — todo estaba muy tranquilo, pensó que encontraría poco menos que la tercera guerra mundial.
— Aquí estamos — dijo la ciega.
El namek apartó unas malezas altas, lo que vió lo paralizó, la rubia estaba con ropa interior blanca, e Izbet oscura.
— ¿Qué pasa aquí? — tragó saliva, era muy excitante para él verlas así, eran como los polos opuestos de una moneda.
— Sepárate, MI Piccolo se quedará acá conmigo, y el otro irá con Eterna a la isla de al lado.
— Pero... — estaba avergonzado, pero también deseoso de volver a estar con su amada.
— De verdad no quieres — preguntó la ciega, haciendo un puchero.
El hombre verde, luego de pensarlo un momento se separó, uno se fue con Eterna, el otro se quedó con Izbet, primero trataron de mantenerse silenciosos, pero cuando ya la pasión se desató en ambas parejas no pudieron controlarse, sobre todo cuando a la rubia le hicieron sexo oral, y a Izbet la penetraron fuerte por el trasero. Los gemidos excitaron a todos, lamentablemente al rato ambos se volvieron a fusionar, está vez en un lugar en medio de ambas islas.
Eterna fue a ver a Izbet.
— Lo siento, fue poco el tiempo que pudimos estar con nuestros amados.
— Podría durar más, pero... — le contó lo que se le ocurrió en ese momento.
— Es que... — la joven estaba roja de vergüenza.
— Sí o no, no quiero presionarte, sólo si quieres lo haremos.
— Sí — respondió la más joven luego de pensarlo un momento.
El namek se acercó a las mujeres para que volvieran juntos a la cabaña, pero quedó sin aliento al encontrar a ambas desnudas en el mismo lugar.
— Pero...
— Ven, ya lo conversamos, no habrá discusiones ni peleas — la morena lo tomó de la mano y lo acercó a la otra.
Igual el hombre estaba nervioso mientras ambas lo abrazaban y lo besaban, ya excitado se desvistió y se acostó rodeado de las mujeres, Eterna fue a lamer su miembro mientras él estimuló la intimidad de Izbet con su lengua. Cuando el hombre verde y la mujer ciega acabaron, Eterna toma el lugar de la ciega, y la otra se sentó sobre la virilidad de él, primero por la vagina, luego se montó por atrás.
— Ahhh... como echaba de menos esto — exclamó la rubia, luego miró a la morena — ¿No te duele?
— .... si estás lo suficientemente excitada no... a mí me encanta...hummm... recuerda que si los dos lo quieren está bien, también extrañaba esto...
Piccolo al ver como las dos conversaban, se sintió dejado de lado, así que tomó de las caderas a Izbet y le dio lo más fuerte que pudo, y a Eterna la estimuló más adentro.
— Grrrr... — gruñó fuerte — griten mi nombre fuerte... AHORA...
— PICCOLO — exclamaron las mujeres al mismo tiempo que acababan.
Por haberse puesto a hablar, él las puso afirmadas en sus brazos y piernas, una al lado de la otra, y les dio fuertes nalgadas, luego penetró a una con su miembro, y a la otra la estimuló con sus dedos.
Siguieron así toda la noche, cuando podía el hombre se separaba, y los cuatro tenían sexo, pero cada uno de los varones con su respectiva pareja, fue una larga noche, muy caliente para todos, llegando a perder la cuenta de las veces que cada uno de ellos acabó.
Al otro día Krillin y Yamcha fueron a buscarlos, sintieron los ki cerca de un lago, cuando apartaron unas ramas, quedaron helados al ver a los tres durmiendo desnudos, agotados, Eterna al lado derecho e Izbet en el lado izquierdo del hombre. Ambos se miraron asombrados y se fueron rápidamente.
Algo parecido había pasado con Dende durante la madrugada, quedó preocupado luego de lo que le dijo Piccolo, pero al ver que pasaba sonrojado apartó la vista.
Desde cierta distancia los dos terrestres les gritaron como si los estuvieran buscando, cuando las mujeres y el namek despertaron, ellas se fueron rápidamente a la cabaña, al hombre verde le dieron el recado, así que fue con la buena noticia a donde las mujeres.
Eterna fue directo donde la científica, la ciega en cambio fue a su casa a buscar algo y quedo de encontrarse con ellos en la Corporación.
— Estoy segura que está lista y calibrada para volver a su dimensión — dijo orgullosa Bulma.
— Gracias por todo, apenas vuelva Izbet nos iremos — dijo la rubia.
— ¿Dónde está?
— Dijo que iba a buscar algo en su casa y volvía enseguida.
En ese rato llegó la medio demonio.
— Eterna, quiero darte esto, cuando vuelvan a su mundo ábrelo — era una caja de madera negra con un pequeño diamante en la tapa.
— Gracias, me alegro haberte conocido — dijo sincera.
— Igual yo amiga.
La dueña de casa miraba todo muy asombrada.
— ¿Qué les pasó? Hace unos días querían matarse y ahora parecen hermanas — les susurró a los dos terrestres.
— En cierta manera ahora son hermanas... luego te cuento — le respondió Yamcha.
Piccolo se dividió, Eterna y su amado, luego de despedirse de todos volvieron a su mundo.
— Por fin estamos en casa — dijo la rubia al ver la cueva donde estuvo retenida antes de conocer al namek.
— Salgamos y sellemos el lugar, es peligroso — sugirió el guerrero, cuando terminaron él se acordó del regalo — ¿Vas a abrirlo ahora?
— Sí, tengo curiosidad de ver qué hay dentro.
Al abrirlo había una nota escrita en computador, varios collares, pulseras, aros de oro, y diamantes grandes.
El papel decía:
"Donde hay humanos estas cosas son valiosas, para mí son sólo adornos qué tal vez usaría para algún evento, guárdalos, pueden servir para ayudar a tus seres queridos en alguna emergencia, sé que las usarás con inteligencia. Adiós amiga".
En el otro universo, todos los amigos de Izbet y Piccolo supieron como los encontraron con Eterna, pero nadie se atrevió a decir nada.
FIN

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